VOCABULARIO V

VOCABULARIO V: ELEMENTOS DE UN LIBRO

 

El Vocabulario V está dedicado particularmente a los que se inician en el oficio, la bibliofilia y, en general, a todos los amantes de los libros. En esta ocasión, y nuevamente para aclarar dudas, hablaremos de algunos de los elementos importantes que componen un libro.

Las hojas de guarda son hojas de papel decorado o de color, habituales en libros de tapa dura, que van siempre al inicio del libro, una mitad pegada a la tapa y la otra volante o suelta. Las hojas de respeto, en cambio, son páginas en blanco al principio y al final del libro, entre las guardas y el cuerpo, y pueden ser una, dos o más. Actualmente, sin embargo, y para abaratar costos, las grandes editoriales prescinden de ellas o bien ponen a lo más una, por lo que, en general, sólo se encuentran en ediciones especiales o de lujo.

Libro con sus hojas de guarda y una de respeto a continuación; a la derecha algunos de los papeles decorados que se utilizan para las guardas

El frontispicio es una imagen situada a la izquierda de la portada del libro en una página independiente. Si es un retrato, casi siempre es el del autor, pero también puede ser alguna imagen relacionada con el contenido de la obra. Los frontispicios fueron frecuentes hasta principios del siglo XX -aproximadamente-, luego de lo cual fueron cayendo en desuso hasta desaparecer casi por completo.

Tres ejemplos de frontispicio (al lado izquierdo de las portadas)

La portada es -y siempre ha sido- la página que lleva la información más importante del libro: el título, el autor, la editorial y el lugar y la fecha de publicación. Actualmente, sin embargo, se acostumbra a poner los dos últimos datos -lugar y fecha- en el colofón (ver más abajo).

Ejemplos de portadas modernas y contemporáneas de distintos estilos

El epígrafe es una cita extraída de otro libro y/o perteneciente a otro autor y cuya función es complementar el título de la obra o dar una idea general acerca de la temática de la misma. La dedicatoria, en cambio, es un breve texto mediante el cual el autor le dedica su libro a una persona o un grupo de personas en particular. En cualquier caso, ambos elementos van siempre puestos después de la portada.

La portadilla: título de cada parte o de cada uno de los capítulos de un libro, puestos en la página anterior de los mismos. Por lo general las portadillas impresas de esta manera se encuentran en ediciones especiales y de lujo; en las más corrientes, en cambio, se usa ponerlas en la misma página en donde comienza el capítulo.

A la izquierda tres ejemplos de epígrafe, y a derecha dos de portadilla

Finalmente, el colofón, que antiguamente iba al final del libro y en la actualidad al comienzo, es la página que lleva, a diferencia de la portada, la información completa del libro: editor, registro de propiedad, ISBN, tiraje (número de libros publicados), número de edición, fecha, lugar, etc. Sólo algunas ediciones especiales o de lujo sitúan el colofón al final; en estos casos se acostumbra a poner, además, otros datos tales como el tipo de papel utilizado para las páginas, la tipografía, el número de ejemplar y otros datos.

Cuatro ejemplos de colofones. Estos pueden ir impresos tanto en la parte superior y el centro como en el pie de la página.

Cuatro ejemplos de colofones. Estos pueden ir impresos tanto en la parte superior y el centro como en el pie de la página.

Para terminar y a modo de síntesis: el orden habitual de los elementos mencionados, en un libro, es el siguiente (en negrita los únicos utilizados hoy por la mayoría de las ediciones corrientes):

  • Hojas de guarda (en ediciones corrientes por lo general son blancas)
  • Hojas de respeto
  • Portadilla (sólo el título de la obra en una página independiente)
  • Frontispicio
  • Portada
  • Colofón moderno (el actualmente en uso, por el reverso de la portada)
  • Epígrafe (y/o dedicatoria, en la misma página o en dos distintas) 
  • Portadillas (títulos o números de las distintas partes y/o capítulos del libro en páginas independientes)
  • Colofón antiguo, al final del libro, pero actualmente en desuso

PIEL HUMANA

ENCUADERNACIONES EN PIEL HUMANA

 

Hasta hace muy poco, cada vez que pensaba en piel humana utilizada de la misma manera que la piel habitual para encuadernación -de vaca o ternero y de cabra-, por lo general lo asociaba inmediatamente con fetichismo, algún tipo de ritual secreto y siniestro o el testimonio de alguna clase de tortura; quizás por el inolvidable –y espantoso- recuerdo de las pantallas de lámparas hechas con piel de judíos en distintos campos de concentración durante la II Guerra Mundial.

De cualquier manera y cualquiera sea la asociación, hoy en día la sola idea de un libro encuadernado con la piel de un ser humano, con toda probabilidad nos parecería por decir lo menos macabro.

Esta idea o sentimiento, sin embargo, es un concepto cultural que no tenía el mismo peso en el pasado, cuenta la historia. Efectivamente; entre los siglos XVII y XIX los libros en piel humana, si bien no eran frecuentes, tampoco eran raros.

Pero no cualquier libro se encuadernaba en piel humana; de hecho los motivos eran mayoritariamente tres: castigo, memoria y coleccionismo.

Castigo

Hace algunos siglos los hombres más “castigados” públicamente eran los asesinos en serie o aquellos que habían cometido crímenes particularmente atroces. La pena se desarrollaba en varios pasos, uno en vida y los otros después de la muerte: primeramente era decapitado o ahorcado -pena en vida-; luego su cuerpo era desmembrado y, después de (eventualmente) quitarles la piel, las distintas partes eran diseminadas y enterradas en lugares distantes entre sí y anónimamente.

Esta última etapa era quizás la peor de todas, puesto que dicho anonimato no sólo impedía una “cristiana sepultura” -casi tan importante como el bautismo para cualquier creyente de la época- sino que, además, buscaba borrar todo recuerdo posible del condenado.

Actualmente, sin embargo, esta condena al anonimato resulta bastante paradójica en los casos de condenados a quienes se les había sacado la piel: el sólo hecho de encuadernar un libro o un cuaderno con ella convertía ese libro o ese cuaderno en un verdadero cenotafio: ¿y qué es un cenotafio sino un monumento a la memoria del que se pretendía borrar de la memoria de cualquiera?

El caso históricamente más famoso es el de William Burke (imagen a la derecha), asesino en serie ajusticiado en 1829 y cuya confesión se cree fue encuadernada con su piel. Sin embargo aún se conserva, hasta hoy, un pequeño cuaderno llamado Burke Skin Pocket Book ("Libro de bolsillo de (la) piel de Burke"), una suerte de porta documentos, más bien, sin páginas, que incluye un pequeño lápiz y que actualmente se encuentra en el Surgeons’ Hall Museums, en Edimburgo (UK).

Memoria 

La segunda razón histórica de las encuadernaciones en piel humana era la del recuerdo y la memoria. Un ejemplo bien conocido hoy es el de un libro encuadernado con la piel de un asaltante de caminos del s. XIX y que se encuentra en la Boston Athenaeum Library. Publicado en 1837, lleva el muy esclarecedor título de Narrative of the life of James Allen : alias George Walton, alias Jonas Pierce, alias James H. York, alias Burley Grove, the highwayman : being his death-bed confession to the warden of the Massachusetts State Prison (Historia de James Allen: alias George Walton, alias Jonas Pierce, alias James H. York, alias Burley Grove, el asaltante de caminos: siendo esta su confesión en el lecho de muerte al Alcaide de la Prisión Estatal de Massachusett). Estando en prisión Allen pidió que, después de su muerte, su piel fuese utilizada para encuadernar las dos copias del libro que contenía el relato de sus crímenes: una destinada a John Fenno Jr., el único hombre conocido por haberlo enfrentado y haber permitido su detención, y la otra para su médico de cabecera.

Coleccionismo

Antes del siglo XX el cuerpo humano era un área muy poco explorada y conocida, al contrario de lo que sucede hoy. Biología y anatomía humanas comenzaban muy lentamente a ser estudiadas y comprendidas, y los libros sobre dichos temas eran particularmente voluminosos, puesto que cada día se le agregaban nuevas notas y nueva información. Al mismo tiempo, el número de cuerpos diseccionados por estudiantes de medicina era enorme, por lo que la encuadernación de tales libros en piel humana no era de sorprender.

Entre los raros ejemplares aún existentes que pertenecieron a médicos, se destacan varios volúmenes originalmente pertenecientes al Dr. John Stockton Hough. Encuadernados con la piel de una de sus pacientes, Mary Lynch, una inmigrante irlandesa fallecida por triquinosis* en 1869, actualmente los libros se encuentran en el Mütter Museum del Philadelphia College of Physicians (EEUU).

Otro ejemplo es el de un libro del s. XVI sobre la virginidad femenina y los órganos reproductivos, hecho encuadernar con la piel de una mujer desconocida por el anatomista francés Ludovic Bouland en el s. XIX.


PARA MÁS INFORMACIÓN:

Actualmente, si bien son muy pocas las bibliotecas que poseen los escasos ejemplares existentes encuadernados en piel humana, en internet es posible encontrar una vasta información. Entre los muchos sitios web sobre el tema destacamos los siguientes:

TIEMPOS DE TRABAJO

TIEMPOS DE TRABAJO

 

Tres relojes y cal.jpg

En todo lo referente a los tiempos de trabajo, tanto encuadernadores como restauradores de libros a menudo nos enfrentamos a dos tipos de situaciones: cuando algunos clientes llaman para pedir, por ejemplo, una encuadernación de tapa dura y en cuero a entregar en tres días; o bien la de alumnos que, impacientes, consideran que un par de horas de prensa para sus libros es tiempo más que suficiente.

Al contrario del segundo caso, el primero es mucho más difícil. Los alumnos al menos tienen la oportunidad de descubrir por sí mismos la importancia de esos tiempos a través del resultado final de sus trabajos. Muchos clientes, en cambio nunca llegan a entenderlo.

Y eso es frustrante; eventualmente comprensible pero frustrante, al fin y al cabo, porque no revela más que una profunda ignorancia acerca de lo que significan un trabajo y un oficio manuales.

Para todos ellos: los tiempos de los que resulta un trabajo bien hecho jamás son arbitrarios; por el contrario, son parte fundamental tanto de su realización como del resultado final. Un encuadernador sin tiempo sólo hace cuadernos; sólo uno que sí lo tiene hace libros.

Encuadernar es como armar un rompecabezas cuyas piezas fuesen de origen diverso -madera, cerámica y metal, por ejemplo-. Al comienzo el trabajo es sólo eso, un rompecabezas, un montón de fragmentos que se van juntando en los lugares correctos… como puedan. Sin embargo, cuando aparece el factor tiempo, esas piezas comienzan a ajustarse unas con otras: el papel de las hojas se acomoda en la costura que lo sostiene, la costura se tensa para adaptarse al lomo, el lomo se afianza para que se afirme en él el cartón de las tapas, las tapas apuntalan el cuerpo del libro, la piel -o la tela- envuelve e inmoviliza cada una de las partes y la prensa, se encarga del resto; es decir del ensamble final.

¿Un día? No. ¿Tres? Tampoco. ¿Cinco? Tal vez. ¿Entonces cuánto? El tiempo que se requiera.

El tiempo necesario para que una encuadernación pueda convertirse en algo más que sólo un montón de materiales y piezas unidas de alguna manera.

El tiempo necesario para que esa encuadernación llegue a tener vida propia.

LIBRO DE ARTISTA

¿DEBE UN LIBRO DE ARTISTA PARECER UN LIBRO?

 

Does Book Art Have to Resemble a Book?: entrevista del Chicago Art Magazine, -noviembre de 2010 en la sección Artículos Destacados- a los artistas Melissa Jay Craig y Brian Dettmer. Por Stephanie Cristello.

 

¿Debe un Libro de Artista parecer un libro? No, no es usted el único en preguntarse eso. Las primeras interacciones con Libros de Artista suelen ser algo extraño; lo primero que nos preguntamos es cómo diablos puede eso ser considerado un libro.

La respuesta a la cual siempre recurro es: “Es un libro porque el artista dice que lo es”. Pero esa respuesta parece demasiado fácil; es como si quisieran engañarme. Esos objetos son tallados, deformados, torcidos y doblados, quemados también, lo que se quiera, e incluso algunos son completamente ilegibles: ¿en dónde quedamos, entonces, cuando nos enfrentamos a ellos?

Como artista yo misma, he estado expuesta a los Libros de Artista desde hace ya algún tiempo; y el debate sobre lo que constituye un libro suele ser discutido de manera más bien frecuente entre artistas. Esta entrevista trata de dos que trabajan en el ámbito de los Libros de Artista desde una perspectiva más escultórica; a continuación presentamos tres cosas que usted debería saber sobre este medio y su rol en la tercera dimensión:

¿Debe un Libro de Artista parecer un libro?

“Una obra purede ser considerada un Libro-Objeto o un Libro de Artista porque su forma se asemeja a un libro, o bien sólo por los materiales elegidos, o por un enfoque o proceso,” comienza el artista Brian Dettmer, nacido en Chicago. “No creo que un libro pueda dejar de ser un libro, así como la madera nunca deja de ser madera, sin importar cuánto se manipule.” Y si usted mira la obra de Dettmer, verá porqué. Su enfoque escultórico del Libro de Artista es sorprendentemente evocador y autónomo, ya que todas sus obras son o fueron libros al comienzo, en el momento de ser concebidas.

Brian Dettmer

Brian Dettmer

A través de un proceso intensamente físico, Dettmer desafía nuestras concepciones de un libro, especialmente cuando se enfrenta con el ámbito más amplio del Arte Tridimensional. “Sí, alterar un libro puede removerlo de su forma original. ¿Hasta qué punto? Bueno, todo depende de la obra. Es difícil definir exactamente el momento o movimiento en que sucede exactamente... Mientras más lo manipulo, más se aleja de la forma de un libro, pero nunca deja de mantener su densidad, materialidad y riqueza de información, imágenes y texto, lo cual es, creo yo, la verdadera esencia* de un libro,” explica.

¿Cómo define un libro?

Melissa Jay Craig, otra artista de Chicago cuyo trabajo con los libros se basa principalmente en las instalaciones, dice: “Si el objeto me hace pensar en un libro, si de alguna manera evoca el libro en mi conciencia, ya sea intelectual o visceralmente -o idealmente ambos-, estoy más que satisfecha en llamarlo un libro.”

Así, Craig trabaja con la creación de ambientes; su trabajo es relativo al espectador, ya que utiliza las escalas para implementar el concepto de la esencia* del libro. “Elegir abrir un libro es esencialmente similar a entrar voluntariamente en un espacio; te mueves a través de ambos, observas lo presentado y ensamblas sus contenidos en un significado que interpretas a partir de la información que absorbes.”

Melissa Jay Craig

Al emparejar un entorno elemental a modo de filtro para visualizar el concepto de lectura de un libro, surgen preguntas dentro del género mismo de los Libros de Artista, especialmente cuando se trata de ver la legibilidad y el rol del artista en su autoría.

¿Debe el libro ser legible?

“La legibilidad se pierde en mi trabajo, o se desplaza, o se limita a lo que yo decido utilizar y exponer. Me encanta exponer textos fragmentados en un entorno nuevo. Los significados cambian o se abren de una forma poética al espectador,” reflexiona Dettmer.

Para la mayoría de los artistas, la legibilidad es más que nada una reacción sensorial que naturalmente ocurre cuando se interactúa con la obra; se convierte en una suerte de intuición ineludible que todos los artistas deben considerar: la relación entre la obra y la audiencia. Para los Libros de Artista en particular, la legibilidad es más bien una elección personal que, mientras más enfatizada u omitida sea, de más maneras distintas puede influir en el contenido.

Después de trabajar con Marilyn Sward, co-fundadora y directora de Paper Press -una organización sin fines de lucro que finalmente se fusionó con el Columbia College para convertirse en el Center for Book and Paper Arts-, la obra de Craig con papel se originó en la idea de la traducción. “Mi interés surgió inicialmente al advertir que, repentinamente, me había vuelto casi sorda. Por muchos años creí que estaba escuchando cuando, de hecho, había aprendido a leer los labios”, dice Craig. “La legibilidad o, más bien, la comprensión de lo que la lectura puede ser, es para mí una área fundamental de investigación. Nuestras inteligencias sensoriales me intrigan, particularmente por las múltiples lecturas inconscientes que estamos constantemente entablando; y también nuestras habilidades innatas, frecuentemente denigradas por ser ‘meramente’ intuitivas.”

Quizás el enfoque más interesante de los Libros de Artista como obras artísticas tridimensionales es su habilidad de transmitirse al espectador desde el medio mismo hasta su mensaje, y la manera en que el significado es constantemente irradiado a través de su materialidad. O tal vez es una intimidad subyacente, que se vuelca en esas formas esculturales y las revoluciona, lo que nos toma por sorpresa y nos atrae hacia ellas. De cualquier manera su canto de sirena es cautivador. Es una mirada refrescante sobre la relación que puede y debe ser construida entre la creación y su audiencia, el artista y el espectador. Sentimentalidad y autoridad inmensa: eso es lectura en la tercera dimensión.

* Bookness o book-ness en el original, término en estricto rigor intraducible al español 


Traducción del inglés (inglés coloquial): Nahual Lhorente/Francisca García. Las imágenes de las obras de B. Dettmer fueron tomadas en Google y las de Melissa J. Craig en su sitio web. Entrevista original (en inglés) del Chicago Art Magazine aquí

VOCABULARIO IV

VOCABULARIO IV: INCUNABLE

 

En casi todas las lenguas del mundo -incluida la nuestra- existen palabras que alguna vez perdieron su significado original y que, con el tiempo, pasaron a definir cosas muy distintas o incluso equivocadas.

El primer incunable, la Biblia de J. Gutenberg

El primer incunable, la Biblia de J. Gutenberg

Tal es el caso de un término cuyo uso hoy en día es popular, pero erróneo, y que está estrechamente relacionado con el universo de los libros y la encuadernación: incunable. Utilizado frecuentemente, casi como un adjetivo, para definir todo libro 'antiguo' o 'muy antiguo', lo cierto es que el término incunable determina no un cierto tipo de libro sino que una época en la historia del mismo.

Incunable (del latín incunabulæ, en la cuna) hace referencia a los primeros cincuenta años después de la invención de la imprenta (1453) y a todos los libros impresos en ese período; dicho de otro modo, a todos los libros impresos en vida de J. Gutenberg o mediante imprentas fabricadas directamente a partir de la original. Es decir y en palabras simples: salvo en casos raros y/o muy excepcionales, sólo los libros impresos entre 1453 y 1500 son y pueden ser llamados incunables.

DICHOS Y PROVERBIOS

DICHOS, CITAS Y PROVERBIOS

 

 

A falta de tema para esta semana, aquí va una selección de dichos, citas y proverbios relacionados con bibliotecas, libros y lectura, comenzando por uno de los más notables (a la izqu.) y que da el tono para todos los demás.

La búsqueda de las distintas frases fue el punto inicial de mi primer libro túnel, Armario. La tarea no fue fácil, ya que se trata de un tema poco común y raramente presente en las distintas tradiciones de refranes y proverbios de cada país; sin embargo no son pocos los escritores, pensadores, estadistas y filósofos que, más de alguna vez en sus vidas, hablaron de la importancia esencial de los libros.

Otras tres frases memorables, pero que no encontraron espacio en el libro túnel, también merecen estar aquí: 'De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo. Sólo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria' (J. L. Borges). 'El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho' (Miguel de Cervantes). 'Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado, un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora' (probervio hindú).

 

Para terminar, una cita igualmente destacable y la única que se opone a todas las demás. Desde su punto de vista, Mao tenía toda la razón... pero quizás también desde el nuestro: puesto que, para bien o para mal, pocas cosas en la vida pueden cambiar a un ser humano como lo hacen los libros...

VOCABULARIO III

VOCABULARIO III: SIGNATURA, RECLAMO Y NUMERACIÓN

 

En una de nuestras entradas anteriores (Diseñadores y Encuadernación) hablamos de los distintos términos que definen el 'cuerpo' de un libro, desde la perspectiva de la encuadernación: hoja, página y cuadernillo:

Hojas, páginas y cuadernillos se ordenan, básicamente, por el texto que estos soportan, premisa que nos lleva directamente al tema de esta entrada: la ordenación y compaginación de un libro.

Hasta hace muy poco, no más de ciento cincuenta años, la encuadernación era un oficio puramente manual y, como tal, siempre acarreó la posibilidad de que, al coser el libro, el encuadernador se equivocase en el orden de páginas y cuadernillos. Para evitar que esto sucediese, se inventaron tres sistemas de ordenación, utilizados en distintas épocas de la historia: el reclamo, la signatura y la numeración

El reclamo, en uso desde el siglo XII, es una palabra que se encuentra en el margen inferior de cada página, a la derecha, y que reproduce la primera palabra de la página siguiente. Mientras el libro fue manuscrito -y 'producido' uno a uno- la posibilidad de un error en la compaginación era muy rara, por lo que las páginas sólo eran ordenadas mediante este sistema.

Con la invención de la imprenta en 1450, al reclamo se sumaron dos nuevos sistemas de ordenación: la signatura y, un siglo más tarde, la numeración.

La signatura es una indicación impresa en la primera página de cada hoja de un cuadernillo y que, al igual que el reclamo, va puesta en el margen inferior. Constituidas por letras y números (A, A2, A3, etc.*), las signaturas estaban destinadas al impresor y al encuadernador para permitirles la correcta ordenación de los cuadernillos y, al mismo tiempo, la corrección de eventuales errores de impresión.  

El sistema de numeración de las páginas fue el último en aparecer (siglo XVI); es también el único que se conserva sin cambios hasta el día de hoy**.

*   También se numeraba con números romanos, tanto con minúsculas (ii, iii, iv, v...) como mayúsculas (II, IV, V...). Por otra parte, si el número de los cuadernillos era mayor a las letras del abecedario, estas se repetían pero en forma doble: Aa, Bb, Cc, etc. (ej.: Aa - Aa 2 - Aa 3, etc.).

**  El último sistema para el orden de los cuadernillos fue el de trazos impresos en el pliegue central de los cuadernillos (ver imagen). Frecuente hasta mediados del siglo XX, este sistema dejó de ser utilizado una vez que la producción de libros se volvió completamente industrial y automatizada.

LAS BIBLIOTECAS MÁS BELLAS DEL MUNDO

LAS BIBLIOTECAS MÁS BELLAS DEL MUNDO

 

Todas las ciudades importantes de todos los países del mundo, desde los más jóvenes hasta los más viejos, cuentan al menos con una biblioteca pública. Cientos de ellas caben tan sólo en un par de estanterías, mientras que otras son tan grandes que ocupan edificios enteros; muchas no tienen más que algunos años de existencia, y otras son tan antiguas que su origen se pierde en el tiempo. 

Entre todas ellas se encuentran algunas de las bibliotecas más bellas del mundo, muchas de las cuales a menudo son visitadas como quien visita un museo: por su renombre, por su historia, su arquitectura y las obras que contienen. Pero ninguna de ellas existiría sin los libros que custodian ni sin lectores que las mantengan en vida y en pie: y esa es su gran maravilla. Ninguna biblioteca, por más bella que sea, será jamás un museo: porque están, y siguen, vivas.

VOCABULARIO II

VOCABULARIO II: EL LIBRO

 

Como mencionábamos en la entrada anterior, el códex comenzó a utilizarse hace más de mil años. Si bien los siglos aportaron distintos cambios tanto en técnicas como en materiales, la estructura original se mantiene sin mayores cambios hasta el día de hoy. La imagen a continuación muestra un libro con los nombres de sus partes más importantes y comunes; más abajo va la definición de algunas de ellas:

Bisagra: canal o pliegue que se encuentra entre el lomo y las tapas y que une y articula ambas partes.

Capitel: cinta de seda o bordado de uno o dos colores que se pone en algunas encuadernaciones en la cabeza y en el pie del lomo (1). Originalmente los capiteles eran bordados a la costura misma y su objetivo era impedir que, al tomar el libro desde una estantería (2), se rompiera el material de recubrimiento de las tapas (por lo general cuero).

Ceja: Parte de las tapas de un libro que sobresale del volumen constituido por las hojas y páginas.

Guardas: hojas de papel que se ponen al principio y al final de los libros para su protección; pueden ser tanto decoradas como de un solo color. En contraposición, las hojas de respeto son las páginas blancas y/o en blanco que, en algunas ediciones más cuidadas, vienen después de las guardas y antes de la portada (página de título).

Soporte o nervio: cinta de algodón o cordón de cuero o de cáñamo en que se apoya la costura de un libro (3). Actualmente la mayor parte de los libros, sobre todo en el caso de ediciones muy grandes, la costura se hace de manera industrial y no lleva soporte alguno.

Tejuelo: etiqueta de cuero o de papel que va en el lomo del libro y que lleva el título y/o el autor de la obra. Actualmente se prefiere imprimir estos datos directamente sobre el material del lomo; las etiquetas, en cambio, por lo general son utilizadas para algunas ediciones más cuidadas.


ENLACES

VOCABULARIO I

VOCABULARIO I: SOPORTES DE ESCRITURA

 

Hoy comenzamos a publicar una serie de entradas destinada más que nada a quienes no están familiarizados con el oficio. Bajo el nombre de Vocabulario, la serie dará a conocer los términos más importantes utilizados para describir el libro y la encuadernación (para quienes quieran saber más sobre los mismos, al final de todas las entradas podrán encontrar un listado de enlaces relacionados con cada tema tratado).

A continuación la primera entrada de nuestro Vocabulario.


La definición literal del término libro es soporte de escritura. Dicho soporte no siempre fue el que conocemos hoy, es decir un cuerpo constituido por páginas y protegido por dos tapas. Este formato, que los historiadores llaman códex, existe más de mil años; sin embargo el primer soporte conocido fue una piedra. La imagen a continuación muestra los sucesivos y variados soportes de escritura utilizados antes de la aparición del pergamino y del papel:

El antecesor del códex -nuestro libro actual- fue el volumen. En forma de una larga banda enrollada sobre un listón de madera, el volumen existió fundamentalmente en papiro y en pergamino* -el papel sólo aparecería varios siglos después-. Ampliamente utilizado en la época del dominio romano, los fondos de grandes bibliotecas de la Antigüedad, como la de Alejandría, estaban constituidos sólo por volúmenes:

La evolución del volumen hacia el códex se produjo cuando esa larga banda enrollada comenzó a cortarse en trozos pequeños, los que, doblados en dos, originaron las páginas**:

Este cambio de estructura desencadenó uno de los hechos más fundamentales de la historia del libro -casi tanto como la invención de la imprenta en 1450-, y uno de los pocos que perdura hasta el día de hoy: una nueva  forma de leer.

 

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* Pergamino: uno de los dos materiales que se obtienen a partir de pieles animales (el otro es el cuero)

** Actualmente se cree que uno de los soportes de escritura más influyentes en este cambio fue la tablilla encerada utilizada por los cristianos en la época de las grandes persecuciones romanas (S. I d.C.)


ENLACES

DEFINICIONES

DEFINICIONES

 

En el mundo de los libros y la encuadernación existe un debate de larga data pero que, en los últimos años y con la masificación de las artes y los oficios, se ha vuelto recurrente: ¿qué es un libro de artista? ¿Y un libro objeto? La discusión es internacional y lo cierto es que no hay una sola, única respuesta; basta con buscar ambos términos en Google para encontrarnos con un sinnúmero de interpretaciones. Ninguna es incorrecta; sin embargo, a menudo la amplitud o vaguedad de muchas de ellas hace difícil entenderlas. Es por esto que hoy compartimos definiciones que, si bien no pretenden aportar nada nuevo, buscan precisar -de manera muy elemental- el concepto: más que nada para quienes nada saben sobre el tema, pero también como punto de partida de una investigación mayor*.

ENCUADERNACIÓN ARTÍSTICA: libro de formato tradicional pero cuya encuadernación se relaciona estrechamente con el contenido de la obra:

LIBRO DE ARTISTA: libro, encuadernado o no, que contiene una obra gráfica en particular (ilustraciones, grabados, fotografías, etc.), un texto editado de manera no tradicional o ambas cosas:

LIBRO OBJETO: obra artística creada a partir de la definición primera del término libro, esto es soporte de escritura. Con sólo esta premisa en común, los libros objeto se pueden presentar bajo un sinnúmero de formas, tamaños y variantes:


* Desde luego se trata de nuestra propia interpretación, es decir, de lo que creemos que son, o deberían ser, cada uno de los tres conceptos, particularmente los dos últimos (y actualmente los más controvertidos)

MANUALES PARA DESCARGAR

MANUALES PARA DESCARGAR

 

Estos son algunos de los manuales de encuadernación completos, en español, que es posible encontrar en la web; bajo el formato pdf, es posible descargarlos gratuitamente. El último, sin embargo, bajo el formato de imágenes y videos, muestra cómo hacer herramientas, tales como un telar de costura y una pestañera de madera pequeña.

Si bien todos comienzan por lo básico, manuales como estos son útiles sobre todo para quienes ya tienen alguna experiencia en encuadernación. Sin embargo, es recomendable no olvidar que un manual jamás reemplazará la formación a través de clases. Por muy completo y detallado que sea, ningún libro, vídeo o imagen puede reproducir, entre otros, algo particular de cada enseñante y esencial en el aprendizaje de cualquier oficio manual: los gestos.

Libros voladores bis.jpg

VALOR Y TIEMPO DE NUESTRO TRABAJO

VALOR Y TIEMPO DE NUESTRO TRABAJO

 

Hace un tiempo publicamos una entrada titulada El valor de nuestro trabajo en la que hablábamos del tema aunque desde la perspectiva de la encuadernación y de la edición y diseño de libros. En esa ocasión emulamos un cartel, descubierto en Facebook, redactado por una orfebre y cuyo texto se relacionaba con su trabajo, pero que adaptamos perfectamente a nuestro tema, el valor del trabajo.

Aunque sin cartel esta vez, hoy repetimos la experiencia, pero desde el punto de vista de la encuadernación-restauración de libros; un poco en respuesta a las preguntas y/o comentarios más frecuentes que nos hacen la mayoría de nuestros clientes, tanto al inicio del trabajo como en el transcurso del mismo. Una de ellas es “mi libro no tiene casi, casi nada, ¿cómo puede costar tanto pegar un par de hojas y volver a ponerle las mismas tapas?”; y la otra “le dejé mis libros hace cinco días en su taller, ¿todavía no están listos? ¡Pero si no había casi nada que hacerles!”.

En vista de las circunstancias y a modo de respuesta, aquí van algunos comentarios que esperamos aclaren al menos algunas dudas al respecto:

  • Un restaurador es –y debe ser-, antes de nada, un encuadernador experimentado. En ese sentido los estudios y la experiencia nos igualan a los médicos: aprender, conocer, entender y saber para tratar.

  • Un restaurador no arregla, remienda ni repara; restaura.

  • Un restaurador necesita tiempo, como todo aquellos que realizan trabajos manuales; pero el de la restauración es un trabajo particularmente lento: un libro en mal estado puede llevar días en ser restaurado, pero a veces semanas e incluso meses.

  • Un restaurador –al menos en Chile- nunca cobra por la realización de un presupuesto, por mucho tiempo que estos requieran (lo que en cambio sí hace un técnico tan sólo por revisar a domicilio una lavadora o una estufa a reparar).

  • Un restaurador cobra sólo por su tiempo y los materiales necesarios para la realización de su trabajo, indiferentemente del valor –sentimental, monetario, histórico u otro- de la obra a intervenir (si aún le quedan dudas sobre esto último, piense: ¿cuánto cobra, por horas o por día, una persona cualquiera para realizar el aseo y otros trabajos domésticos en una casa?).

Finalmente, nunca recurra a un restaurador –uno calificado- si no está dispuesto a invertir en el trabajo bien hecho de alguien experimentado. Si  no es así… mejor guarde su libro en un caja. 

 

MUSEO DEL PAPEL

MUSEOS DEL PAPEL

 

Como algunos sabemos, los chinos inventaron el papel en el siglo V dC. Durante siglos estos conservaron el secreto de su fabricación, pero en el año 751 y en el marco de derrota bélica, los árabes lo conocieron a través de algunos prisioneros chinos, entre los cuales se encontraban varios artesanos papeleros.

Cuatrocientos años más tarde y gracias a la invasión de los árabes, el papel hizo su entrada en Europa. Si bien este tardó un largo tiempo en ser adoptado por los europeos -cuyos libros no conocían hasta entonces otro material que el pergamino para sus páginas-, a fines del siglo X el conocimiento de la fabricación del papel ya se había expandido por Europa*.

Hasta el día de hoy Játiva (España) y Fabriano (Italia) se disputan por cuál de las dos fue la puerta de entrada del oficio papelero en el continente europeo (la invasión árabe se realizó justamente a través de estos dos países**); actualmente, sin embrago, es Fabriano la más conocida, quizás porque su nombre es también el de una importante marca de papeles a nivel internacional.

Pero mucho antes que el de la marca, Fabriano es el nombre de la ciudad en la que se encuentra uno de los principales museos del papel en Europa: el Museo della  Carta e della Filigrana. En él es posible conocer paso a paso no sólo el antiguo y tradicional proceso de fabricación del papel, sino que también el de impresión a caracteres móviles; el museo ofrece, además, distintos cursos y talleres durante todo el año.

Otros museos:

Para quienes quieran conocer o saber más de la historia del papel, aquí van algunos enlaces de interés:


* El documento sobre papel más antiguo del que se sabe -un manuscrito de Roger, rey de Sicilia- data del año 1102

 ** Más precisamente a través de Granada y Sicilia; en ese entonces ni España ni Italia existían como tales, es decir como los países que conocemos hoy.

ALTERNATIVAS

PRENSAR: ALTERNATIVAS

 

En encuadernación, dos máquinas esenciales son la 'pestañera' (que se utiliza, entre otros, para encolar y/o redondear lomos) y la prensa. Pero mientras tanto la primera es casi imposible de encontrar en Chile, las pocas prensas que, de vez en cuando, aparecen en el mercado se venden, por lo general, a precios exorbitantes .
La imagen a continuación muestra una buena alternativa; se trata de una pequeña prensa 'de mano', sencilla de realizar y perfecta para quienes dan sus primeros pasos en el oficio.

Los materiales necesarios son: dos tablas de madera tipo terciado o de trupán*, cuatro tornillos grandes con cabeza redonda, cuatro golillas y cuatro 'mariposas'; y como herramienta, un taladro.

Las medidas que aparecen en la imagen son sólo una sugerencia; sin embargo y para una mejor resistencia, la distancia entre los agujeros y los bordes de las tablas y la de los agujeros entre sí no debería ser menor a 1,5 cm.

La serie de agujeros de la derecha (y cuyo número dependerá del largo de nuestras tablas) permitirá adaptar esta prensa al tamaño del libro con el cual estemos trabajando. Esperamos que esta alternativa le resulte útil a más de uno; y, si es así, ¡por favor no dejen de comentarnos qué tal les resultó!

 

* Terciado, trupán  (tipo de maderas aglomeradas) o cualquier otra madera dura y resistente, pero se recomienda no utilizar pino, ya que se trata de una madera demasiado blanda y liviana.