PIEL HUMANA

ENCUADERNACIONES EN PIEL HUMANA

 

Hasta hace muy poco, cada vez que pensaba en piel humana utilizada de la misma manera que la piel habitual para encuadernación -de vaca o ternero y de cabra-, por lo general lo asociaba inmediatamente con fetichismo, algún tipo de ritual secreto y siniestro o el testimonio de alguna clase de tortura; quizás por el inolvidable –y espantoso- recuerdo de las pantallas de lámparas hechas con piel de judíos en distintos campos de concentración durante la II Guerra Mundial.

De cualquier manera y cualquiera sea la asociación, hoy en día la sola idea de un libro encuadernado con la piel de un ser humano, con toda probabilidad nos parecería por decir lo menos macabro.

Esta idea o sentimiento, sin embargo, es un concepto cultural que no tenía el mismo peso en el pasado, cuenta la historia. Efectivamente; entre los siglos XVII y XIX los libros en piel humana, si bien no eran frecuentes, tampoco eran raros.

Pero no cualquier libro se encuadernaba en piel humana; de hecho los motivos eran mayoritariamente tres: castigo, memoria y coleccionismo.

Castigo

Hace algunos siglos los hombres más “castigados” públicamente eran los asesinos en serie o aquellos que habían cometido crímenes particularmente atroces. La pena se desarrollaba en varios pasos, uno en vida y los otros después de la muerte: primeramente era decapitado o ahorcado -pena en vida-; luego su cuerpo era desmembrado y, después de (eventualmente) quitarles la piel, las distintas partes eran diseminadas y enterradas en lugares distantes entre sí y anónimamente.

Esta última etapa era quizás la peor de todas, puesto que dicho anonimato no sólo impedía una “cristiana sepultura” -casi tan importante como el bautismo para cualquier creyente de la época- sino que, además, buscaba borrar todo recuerdo posible del condenado.

Actualmente, sin embargo, esta condena al anonimato resulta bastante paradójica en los casos de condenados a quienes se les había sacado la piel: el sólo hecho de encuadernar un libro o un cuaderno con ella convertía ese libro o ese cuaderno en un verdadero cenotafio: ¿y qué es un cenotafio sino un monumento a la memoria del que se pretendía borrar de la memoria de cualquiera?

El caso históricamente más famoso es el de William Burke (imagen a la derecha), asesino en serie ajusticiado en 1829 y cuya confesión se cree fue encuadernada con su piel. Sin embargo aún se conserva, hasta hoy, un pequeño cuaderno llamado Burke Skin Pocket Book ("Libro de bolsillo de (la) piel de Burke"), una suerte de porta documentos, más bien, sin páginas, que incluye un pequeño lápiz y que actualmente se encuentra en el Surgeons’ Hall Museums, en Edimburgo (UK).

Memoria 

La segunda razón histórica de las encuadernaciones en piel humana era la del recuerdo y la memoria. Un ejemplo bien conocido hoy es el de un libro encuadernado con la piel de un asaltante de caminos del s. XIX y que se encuentra en la Boston Athenaeum Library. Publicado en 1837, lleva el muy esclarecedor título de Narrative of the life of James Allen : alias George Walton, alias Jonas Pierce, alias James H. York, alias Burley Grove, the highwayman : being his death-bed confession to the warden of the Massachusetts State Prison (Historia de James Allen: alias George Walton, alias Jonas Pierce, alias James H. York, alias Burley Grove, el asaltante de caminos: siendo esta su confesión en el lecho de muerte al Alcaide de la Prisión Estatal de Massachusett). Estando en prisión Allen pidió que, después de su muerte, su piel fuese utilizada para encuadernar las dos copias del libro que contenía el relato de sus crímenes: una destinada a John Fenno Jr., el único hombre conocido por haberlo enfrentado y haber permitido su detención, y la otra para su médico de cabecera.

Coleccionismo

Antes del siglo XX el cuerpo humano era un área muy poco explorada y conocida, al contrario de lo que sucede hoy. Biología y anatomía humanas comenzaban muy lentamente a ser estudiadas y comprendidas, y los libros sobre dichos temas eran particularmente voluminosos, puesto que cada día se le agregaban nuevas notas y nueva información. Al mismo tiempo, el número de cuerpos diseccionados por estudiantes de medicina era enorme, por lo que la encuadernación de tales libros en piel humana no era de sorprender.

Entre los raros ejemplares aún existentes que pertenecieron a médicos, se destacan varios volúmenes originalmente pertenecientes al Dr. John Stockton Hough. Encuadernados con la piel de una de sus pacientes, Mary Lynch, una inmigrante irlandesa fallecida por triquinosis* en 1869, actualmente los libros se encuentran en el Mütter Museum del Philadelphia College of Physicians (EEUU).

Otro ejemplo es el de un libro del s. XVI sobre la virginidad femenina y los órganos reproductivos, hecho encuadernar con la piel de una mujer desconocida por el anatomista francés Ludovic Bouland en el s. XIX.


PARA MÁS INFORMACIÓN:

Actualmente, si bien son muy pocas las bibliotecas que poseen los escasos ejemplares existentes encuadernados en piel humana, en internet es posible encontrar una vasta información. Entre los muchos sitios web sobre el tema destacamos los siguientes:

TIEMPOS DE TRABAJO

TIEMPOS DE TRABAJO

 

Tres relojes y cal.jpg

En todo lo referente a los tiempos de trabajo, tanto encuadernadores como restauradores de libros a menudo nos enfrentamos a dos tipos de situaciones: cuando algunos clientes llaman para pedir, por ejemplo, una encuadernación de tapa dura y en cuero a entregar en tres días; o bien la de alumnos que, impacientes, consideran que un par de horas de prensa para sus libros es tiempo más que suficiente.

Al contrario del segundo caso, el primero es mucho más difícil. Los alumnos al menos tienen la oportunidad de descubrir por sí mismos la importancia de esos tiempos a través del resultado final de sus trabajos. Muchos clientes, en cambio nunca llegan a entenderlo.

Y eso es frustrante; eventualmente comprensible pero frustrante, al fin y al cabo, porque no revela más que una profunda ignorancia acerca de lo que significan un trabajo y un oficio manuales.

Para todos ellos: los tiempos de los que resulta un trabajo bien hecho jamás son arbitrarios; por el contrario, son parte fundamental tanto de su realización como del resultado final. Un encuadernador sin tiempo sólo hace cuadernos; sólo uno que sí lo tiene hace libros.

Encuadernar es como armar un rompecabezas cuyas piezas fuesen de origen diverso -madera, cerámica y metal, por ejemplo-. Al comienzo el trabajo es sólo eso, un rompecabezas, un montón de fragmentos que se van juntando en los lugares correctos… como puedan. Sin embargo, cuando aparece el factor tiempo, esas piezas comienzan a ajustarse unas con otras: el papel de las hojas se acomoda en la costura que lo sostiene, la costura se tensa para adaptarse al lomo, el lomo se afianza para que se afirme en él el cartón de las tapas, las tapas apuntalan el cuerpo del libro, la piel -o la tela- envuelve e inmoviliza cada una de las partes y la prensa, se encarga del resto; es decir del ensamble final.

¿Un día? No. ¿Tres? Tampoco. ¿Cinco? Tal vez. ¿Entonces cuánto? El tiempo que se requiera.

El tiempo necesario para que una encuadernación pueda convertirse en algo más que sólo un montón de materiales y piezas unidas de alguna manera.

El tiempo necesario para que esa encuadernación llegue a tener vida propia.

VOCABULARIO IV

VOCABULARIO IV: INCUNABLE

 

En casi todas las lenguas del mundo -incluida la nuestra- existen palabras que alguna vez perdieron su significado original y que, con el tiempo, pasaron a definir cosas muy distintas o incluso equivocadas.

 El primer incunable, la Biblia de J. Gutenberg

El primer incunable, la Biblia de J. Gutenberg

Tal es el caso de un término cuyo uso hoy en día es popular, pero erróneo, y que está estrechamente relacionado con el universo de los libros y la encuadernación: incunable. Utilizado frecuentemente, casi como un adjetivo, para definir todo libro 'antiguo' o 'muy antiguo', lo cierto es que el término incunable determina no un cierto tipo de libro sino que una época en la historia del mismo.

Incunable (del latín incunabulæ, en la cuna) hace referencia a los primeros cincuenta años después de la invención de la imprenta (1453) y a todos los libros impresos en ese período; dicho de otro modo, a todos los libros impresos en vida de J. Gutenberg o mediante imprentas fabricadas directamente a partir de la original. Es decir y en palabras simples: salvo en casos raros y/o muy excepcionales, sólo los libros impresos entre 1453 y 1500 son y pueden ser llamados incunables.

DICHOS Y PROVERBIOS

DICHOS, CITAS Y PROVERBIOS

 

 

A falta de tema para esta semana, aquí va una selección de dichos, citas y proverbios relacionados con bibliotecas, libros y lectura, comenzando por uno de los más notables (a la izqu.) y que da el tono para todos los demás.

La búsqueda de las distintas frases fue el punto inicial de mi primer libro túnel, Armario. La tarea no fue fácil, ya que se trata de un tema poco común y raramente presente en las distintas tradiciones de refranes y proverbios de cada país; sin embargo no son pocos los escritores, pensadores, estadistas y filósofos que, más de alguna vez en sus vidas, hablaron de la importancia esencial de los libros.

Otras tres frases memorables, pero que no encontraron espacio en el libro túnel, también merecen estar aquí: 'De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo. Sólo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria' (J. L. Borges). 'El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho' (Miguel de Cervantes). 'Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado, un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora' (probervio hindú).

 

Para terminar, una cita igualmente destacable y la única que se opone a todas las demás. Desde su punto de vista, Mao tenía toda la razón... pero quizás también desde el nuestro: puesto que, para bien o para mal, pocas cosas en la vida pueden cambiar a un ser humano como lo hacen los libros...

VOCABULARIO III

VOCABULARIO III: SIGNATURA, RECLAMO Y NUMERACIÓN

 

En una de nuestras entradas anteriores (Diseñadores y Encuadernación) hablamos de los distintos términos que definen el 'cuerpo' de un libro, desde la perspectiva de la encuadernación: hoja, página y cuadernillo:

Hojas, páginas y cuadernillos se ordenan, básicamente, por el texto que estos soportan, premisa que nos lleva directamente al tema de esta entrada: la ordenación y compaginación de un libro.

Hasta hace muy poco, no más de ciento cincuenta años, la encuadernación era un oficio puramente manual y, como tal, siempre acarreó la posibilidad de que, al coser el libro, el encuadernador se equivocase en el orden de páginas y cuadernillos. Para evitar que esto sucediese, se inventaron tres sistemas de ordenación, utilizados en distintas épocas de la historia: el reclamo, la signatura y la numeración

El reclamo, en uso desde el siglo XII, es una palabra que se encuentra en el margen inferior de cada página, a la derecha, y que reproduce la primera palabra de la página siguiente. Mientras el libro fue manuscrito -y 'producido' uno a uno- la posibilidad de un error en la compaginación era muy rara, por lo que las páginas sólo eran ordenadas mediante este sistema.

Con la invención de la imprenta en 1450, al reclamo se sumaron dos nuevos sistemas de ordenación: la signatura y, un siglo más tarde, la numeración.

La signatura es una indicación impresa en la primera página de cada hoja de un cuadernillo y que, al igual que el reclamo, va puesta en el margen inferior. Constituidas por letras y números (A, A2, A3, etc.*), las signaturas estaban destinadas al impresor y al encuadernador para permitirles la correcta ordenación de los cuadernillos y, al mismo tiempo, la corrección de eventuales errores de impresión.  

El sistema de numeración de las páginas fue el último en aparecer (siglo XVI); es también el único que se conserva sin cambios hasta el día de hoy**.

*   También se numeraba con números romanos, tanto con minúsculas (ii, iii, iv, v...) como mayúsculas (II, IV, V...). Por otra parte, si el número de los cuadernillos era mayor a las letras del abecedario, estas se repetían pero en forma doble: Aa, Bb, Cc, etc. (ej.: Aa - Aa 2 - Aa 3, etc.).

**  El último sistema para el orden de los cuadernillos fue el de trazos impresos en el pliegue central de los cuadernillos (ver imagen). Frecuente hasta mediados del siglo XX, este sistema dejó de ser utilizado una vez que la producción de libros se volvió completamente industrial y automatizada.

VOCABULARIO II

VOCABULARIO II: EL LIBRO

 

Como mencionábamos en la entrada anterior, el códex comenzó a utilizarse hace más de mil años. Si bien los siglos aportaron distintos cambios tanto en técnicas como en materiales, la estructura original se mantiene sin mayores cambios hasta el día de hoy. La imagen a continuación muestra un libro con los nombres de sus partes más importantes y comunes; más abajo va la definición de algunas de ellas:

Bisagra: canal o pliegue que se encuentra entre el lomo y las tapas y que une y articula ambas partes.

Capitel: cinta de seda o bordado de uno o dos colores que se pone en algunas encuadernaciones en la cabeza y en el pie del lomo (1). Originalmente los capiteles eran bordados a la costura misma y su objetivo era impedir que, al tomar el libro desde una estantería (2), se rompiera el material de recubrimiento de las tapas (por lo general cuero).

Ceja: Parte de las tapas de un libro que sobresale del volumen constituido por las hojas y páginas.

Guardas: hojas de papel que se ponen al principio y al final de los libros para su protección; pueden ser tanto decoradas como de un solo color. En contraposición, las hojas de respeto son las páginas blancas y/o en blanco que, en algunas ediciones más cuidadas, vienen después de las guardas y antes de la portada (página de título).

Soporte o nervio: cinta de algodón o cordón de cuero o de cáñamo en que se apoya la costura de un libro (3). Actualmente la mayor parte de los libros, sobre todo en el caso de ediciones muy grandes, la costura se hace de manera industrial y no lleva soporte alguno.

Tejuelo: etiqueta de cuero o de papel que va en el lomo del libro y que lleva el título y/o el autor de la obra. Actualmente se prefiere imprimir estos datos directamente sobre el material del lomo; las etiquetas, en cambio, por lo general son utilizadas para algunas ediciones más cuidadas.


ENLACES

VOCABULARIO I

VOCABULARIO I: SOPORTES DE ESCRITURA

 

Hoy comenzamos a publicar una serie de entradas destinada más que nada a quienes no están familiarizados con el oficio. Bajo el nombre de Vocabulario, la serie dará a conocer los términos más importantes utilizados para describir el libro y la encuadernación (para quienes quieran saber más sobre los mismos, al final de todas las entradas podrán encontrar un listado de enlaces relacionados con cada tema tratado).

A continuación la primera entrada de nuestro Vocabulario.


La definición literal del término libro es soporte de escritura. Dicho soporte no siempre fue el que conocemos hoy, es decir un cuerpo constituido por páginas y protegido por dos tapas. Este formato, que los historiadores llaman códex, existe más de mil años; sin embargo el primer soporte conocido fue una piedra. La imagen a continuación muestra los sucesivos y variados soportes de escritura utilizados antes de la aparición del pergamino y del papel:

El antecesor del códex -nuestro libro actual- fue el volumen. En forma de una larga banda enrollada sobre un listón de madera, el volumen existió fundamentalmente en papiro y en pergamino* -el papel sólo aparecería varios siglos después-. Ampliamente utilizado en la época del dominio romano, los fondos de grandes bibliotecas de la Antigüedad, como la de Alejandría, estaban constituidos sólo por volúmenes:

La evolución del volumen hacia el códex se produjo cuando esa larga banda enrollada comenzó a cortarse en trozos pequeños, los que, doblados en dos, originaron las páginas**:

Este cambio de estructura desencadenó uno de los hechos más fundamentales de la historia del libro -casi tanto como la invención de la imprenta en 1450-, y uno de los pocos que perdura hasta el día de hoy: una nueva  forma de leer.

 

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* Pergamino: uno de los dos materiales que se obtienen a partir de pieles animales (el otro es el cuero)

** Actualmente se cree que uno de los soportes de escritura más influyentes en este cambio fue la tablilla encerada utilizada por los cristianos en la época de las grandes persecuciones romanas (S. I d.C.)


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DISEÑADORES Y ENCUADERNACIÓN

DISEÑADORES Y ENCUADERNACIÓN

 

A menudo sucede lo mismo: un diseñador edita y diseña un libro que luego quiere hacer encuadernar a mano, ya sea porque se trate de una publicación de pocos ejemplares o de un ejemplar único. Lleva entonces su libro ya impreso al encuadernador... y este se encuentra con un sinnúmero de hojas sueltas, impresas casi de borde a borde, y sin hojas de guarda o de respeto. Es decir, un libro cuyas posibilidades de encuadernación serán muy restringidas y que, por lo tanto, nunca permitirán lo esencial de una bien hecha: que el libro se abra completa y perfectamente.
Alguna vez un experto en comportamiento animal dijo que el problema entre perros y gatos reside esencialmente en que ambos utilizan los mismos gestos -agitar la cola, bajar las orejas, arquear el lomo, sostener la mirada o no mirarse, etc.- para expresar cosas totalmente distintas, lo que los lleva, por consiguiente, a una absoluta 'incompresión de lectura' del otro, con las consecuencias que todos conocemos.

Algo parecido sucede con encuadernadores y diseñadores de libros, pero al revés: utilizamos distintas palabras para nombrar las mismas cosas: hoja/página, cuadernillo/librillo, guardas/hojas en blanco, etc.

Es por eso que nos parece importante acotar y precisar algunos términos. Es decir, dar a conocer a los diseñadores lo que, para nosotros, significan hoja, página y cuadernillo, y luego los tres elementos esenciales sobre los que se construye una buena encuadernación (y, de paso, una edición perfecta): cuerpo del librohojas de respeto y hojas de guarda.

Como vemos en la imagen, para un encuadernador, una hoja es un pliego entero que se divide en dos páginas; y las páginas no tienen derecho/revés (cada página es una sola, con su derecho y su revés).

En cuanto a los términos cuerpo del libro y hojas de respeto y de guarda, estas últimas se definen como sigue:
Hoja de guarda: la hoja que se encuentra al abrir el libro, pegada por un lado a la tapa y por el otro al cuerpo del libro. Esta puede ser de color o decorada
Hojas de respeto: la o las hojas en blanco que van entre las de guarda y el cuerpo del libro. Esta puede ser una sola, pero también dos o tres, dependiendo del volumen (tamaño en páginas) y del tipo de libro.

Esperamos que esta entrada llegue el mayor número posible de diseñadores... pero también de encuadernadores! Y no seguir relacionándonos -trabajando juntos- como perros y gatos...