TIEMPOS DE TRABAJO

TIEMPOS DE TRABAJO

 

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En todo lo referente a los tiempos de trabajo, tanto encuadernadores como restauradores de libros a menudo nos enfrentamos a dos tipos de situaciones: cuando algunos clientes llaman para pedir, por ejemplo, una encuadernación de tapa dura y en cuero a entregar en tres días; o bien la de alumnos que, impacientes, consideran que un par de horas de prensa para sus libros es tiempo más que suficiente.

Al contrario del segundo caso, el primero es mucho más difícil. Los alumnos al menos tienen la oportunidad de descubrir por sí mismos la importancia de esos tiempos a través del resultado final de sus trabajos. Muchos clientes, en cambio nunca llegan a entenderlo.

Y eso es frustrante; eventualmente comprensible pero frustrante, al fin y al cabo, porque no revela más que una profunda ignorancia acerca de lo que significan un trabajo y un oficio manuales.

Para todos ellos: los tiempos de los que resulta un trabajo bien hecho jamás son arbitrarios; por el contrario, son parte fundamental tanto de su realización como del resultado final. Un encuadernador sin tiempo sólo hace cuadernos; sólo uno que sí lo tiene hace libros.

Encuadernar es como armar un rompecabezas cuyas piezas fuesen de origen diverso -madera, cerámica y metal, por ejemplo-. Al comienzo el trabajo es sólo eso, un rompecabezas, un montón de fragmentos que se van juntando en los lugares correctos… como puedan. Sin embargo, cuando aparece el factor tiempo, esas piezas comienzan a ajustarse unas con otras: el papel de las hojas se acomoda en la costura que lo sostiene, la costura se tensa para adaptarse al lomo, el lomo se afianza para que se afirme en él el cartón de las tapas, las tapas apuntalan el cuerpo del libro, la piel -o la tela- envuelve e inmoviliza cada una de las partes y la prensa, se encarga del resto; es decir del ensamble final.

¿Un día? No. ¿Tres? Tampoco. ¿Cinco? Tal vez. ¿Entonces cuánto? El tiempo que se requiera.

El tiempo necesario para que una encuadernación pueda convertirse en algo más que sólo un montón de materiales y piezas unidas de alguna manera.

El tiempo necesario para que esa encuadernación llegue a tener vida propia.

VALOR Y TIEMPO DE NUESTRO TRABAJO

VALOR Y TIEMPO DE NUESTRO TRABAJO

 

Hace un tiempo publicamos una entrada titulada El valor de nuestro trabajo en la que hablábamos del tema aunque desde la perspectiva de la encuadernación y de la edición y diseño de libros. En esa ocasión emulamos un cartel, descubierto en Facebook, redactado por una orfebre y cuyo texto se relacionaba con su trabajo, pero que adaptamos perfectamente a nuestro tema, el valor del trabajo.

Aunque sin cartel esta vez, hoy repetimos la experiencia, pero desde el punto de vista de la encuadernación-restauración de libros; un poco en respuesta a las preguntas y/o comentarios más frecuentes que nos hacen la mayoría de nuestros clientes, tanto al inicio del trabajo como en el transcurso del mismo. Una de ellas es “mi libro no tiene casi, casi nada, ¿cómo puede costar tanto pegar un par de hojas y volver a ponerle las mismas tapas?”; y la otra “le dejé mis libros hace cinco días en su taller, ¿todavía no están listos? ¡Pero si no había casi nada que hacerles!”.

En vista de las circunstancias y a modo de respuesta, aquí van algunos comentarios que esperamos aclaren al menos algunas dudas al respecto:

  • Un restaurador es –y debe ser-, antes de nada, un encuadernador experimentado. En ese sentido los estudios y la experiencia nos igualan a los médicos: aprender, conocer, entender y saber para tratar.

  • Un restaurador no arregla, remienda ni repara; restaura.

  • Un restaurador necesita tiempo, como todo aquellos que realizan trabajos manuales; pero el de la restauración es un trabajo particularmente lento: un libro en mal estado puede llevar días en ser restaurado, pero a veces semanas e incluso meses.

  • Un restaurador –al menos en Chile- nunca cobra por la realización de un presupuesto, por mucho tiempo que estos requieran (lo que en cambio sí hace un técnico tan sólo por revisar a domicilio una lavadora o una estufa a reparar).

  • Un restaurador cobra sólo por su tiempo y los materiales necesarios para la realización de su trabajo, indiferentemente del valor –sentimental, monetario, histórico u otro- de la obra a intervenir (si aún le quedan dudas sobre esto último, piense: ¿cuánto cobra, por horas o por día, una persona cualquiera para realizar el aseo y otros trabajos domésticos en una casa?).

Finalmente, nunca recurra a un restaurador –uno calificado- si no está dispuesto a invertir en el trabajo bien hecho de alguien experimentado. Si  no es así… mejor guarde su libro en un caja. 

 

EL VALOR DE NUESTRO TRABAJO

EL VALOR DE NUESTRO TRABAJO

 

Muchos de los que trabajamos artesanalmente -es decir con las manos y a pulso- nunca dejamos de sorprendernos de que, a menudo, la misma gente que está dispuesta a pagar cientos de miles de pesos por un cenicero, un abridor de botella, un llavero o una silla 'de diseño', considere nuestro trabajo excesivamente caro.

Hace unos días encontré en la página Facebook* de una orfebre un cartel redactado pensando en esos clientes que, incansablemente, nunca dejan de pedir rebajas en el precio de nuestro trabajo. El cartel original está en inglés y, desde luego, se refiere a las joyas que dicha orfebre realiza, pero después de traducirlo y hacerle unas pocas modificaciones 'encuadernísticas', quedó así:

Si les interesa, pueden copiar, cambiar, adaptar, transformar, pegar, enviar y/o imprimir la imagen como quieran; lo que es yo, la voy a poner sin duda en una de las paredes de mi taller, bien a la vista de todos. En especial de los clientes...

* Facebook - Popnicute (cartel en inglés)